1. Cláusulas indispensables:
No basta con el monto de renta; deben quedar claros el uso de suelo (habitacional o comercial), la vigencia, las causas de rescisión y quién paga el mantenimiento.
2. Juicio de Desocupación:
Si el inquilino no sale, no se puede usar la fuerza propia. Se requiere un juicio especial de desocupación donde el contrato por escrito es tu prueba reina.
3. El Justo Título:
Es el documento que acredita legalmente que tienes la facultad de rentar esa propiedad (escritura o poder), evitando fraudes inmobiliarios.

4. La Cláusula de “Allanamiento” Anticipado:
Es una herramienta procesal donde el inquilino acepta desde la firma del contrato que, si deja de pagar, el juez puede ordenar el lanzamiento inmediato. Sin esta cláusula, un juicio puede durar años; con ella, se agiliza drásticamente.
5. Investigación de Solvencia y Pólizas Jurídicas:
No basta con pedir un aval con propiedad. Es vital verificar el Registro Público de la Propiedad para asegurar que el inmueble del aval no tenga gravámenes (deudas) y usar pólizas que cubren los gastos legales en caso de incumplimiento.
6. La Posesión Originaria vs. Derivada:

Es fundamental explicar a la comunidad que el dueño tiene la posesión originaria, pero el inquilino tiene la derivada. Si el dueño entra a la casa sin permiso del inquilino, puede cometer el delito de despojo, incluso siendo el propietario.

